sábado, 10 de agosto de 2013

De Hopper a O'Keefe, el arte que creó conciencia artística en los EE.UU.

La muestra, que reúne 120 obras, realiza un recorrido por un periodo, entre 1915 y 1950, marcado por dos Guerras Mundiales y la Gran Depresión


El MoMA de Nueva York presentó ayer su recorrido por el arte estadounidense entre 1915 a 1950, que con las firmas de Edward Hopper, Charles Burchfield o Georgia O'Keeffe, ayudó a crear la identidad artística de una nación en pleno proceso de encaramarse a la hegemonía económica mundial.
«American Modern. Hopper to O'Keefe» es el título de la muestra que, desde el 17 de agosto al 26 de enero del próximo año, estará en el Museo de Arte Contemporáneo (MoMA) y que recorre la reacción artística a un período marcado por dos Guerras Mundiales y la Gran Depresión a través de 120 obras.
«Era el momento de definir algo nuevo, emocionante y profundamente estadounidense. Una preocupación muy importante que afectaba a artistas, comisarios de arte y al público», aseguró Esther Adler, quien junto a Kathy Curry ha sido la encargada de crear este recorrido por la nostalgia rural, la efervescencia industrial y los flujos migratorios que cosieron la nueva sociedad.
La exposición tiene como eje a cinco artistas: Edward Hopper, Charles Burchfield, Stuart Davis, Chalres Sheeler y Georgia O'Keeffe. «Cada uno de ellos tiene su propia respuesta a todas estas cuestiones. Respuestas muy diferentes que dialogan entre sí», añadió Adler.

Las bisagras de la modernidad

Las bisagras de la modernidad chirriando, la ruralidad sucumbiendo a la explosión urbana, lo industrial dominando el paisaje, la intimidad y la multitud son conceptos que toman la reflexión artística de la época. Y, tal como apuntó el director adjunto del comisariado del MoMA, Peter Reed, «el conjunto no es especialmente optimista».
Frente al avance tecnológico, la soledad del individuo firmada por Edward Hopper en grabados, acuarelas y óleos, incluyendo «Casa junto a la vía del tren», que da la bienvenida a la exposición y que, pintado en 1925, fue el primer cuadro adquirido por el MoMA, cuyas puertas se abrieron el 7 de noviembre de 1929.

Deshacer mitos

Según Reed, este hecho, así como la propia exposición (formada casi en su totalidad por obras pertenecientes al museo), desmiente la eterna acusación de que el MoMA da la espalda al arte estadounidense para centrarse en el arte europeo, del que posee algunos de sus mayores hitos de la pintura, como «Noche estrellada», de Van Gogh, o «Las señoritas de Aviñón», de Picasso.
Precisamente, Georgia O'Keeffe, proveniente del campo y que no salió de Estados Unidos hasta que fue anciana, prefirió filtrar la realidad de su país en forma de abstractos azules o primeros planos vegetales, y reinterpreta en sus acuarelas al británico J.M.W. Turner (cambiando el tren entre la niebla por el tren entre el desierto) o, frente a los girasoles de Van Gogh, retrata florecientes orquídeas.
«Por supuesto, había conciencia de lo que pasaba en Europa y había diálogo, aunque buscaran qué contribución podían hacer como estadounidenses», explicó Adler, y en la muestra artistas como Man Ray, que vivió en Europa, o las esculturas de Robert Laurent, estadounidense nacido en Francia, tejen los puentes entre ambos continentes.
En los años veinte, Charles Burchfield cubría tanto los paisajes rurales como los urbanos con la nieve que todo lo equipara (como escribió James Joyce) en obras como «Railroad Gantry» y «Back Alley Scene», mientras que Andrew Wyeth, en su témpera "Christina's World", de 1948, muestra a una joven desvalida en medio de una ruralidad entre nostálgica y perturbadora.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario