miércoles, 6 de marzo de 2013

Doce mil a�os de Historia quedaran sepultados bajo el pantano de Hasankeyf

Doce mil años de Historia quedaran sepultados bajo el pantano de Hasankeyf


Cuando dentro de dos años quede terminado el pantano de Ilisu, acabarán 20 años de lucha contra este embalse sobre el río Tigris y también será el fin de los 12.000 años de Historia que atesora Hasankeyf, uno de los lugares con mayor valor patrimonial de todo Oriente Medio. Por Manuel Martorell

El pantano de Ilisu forma parte del ambicioso Proyecto para el Sureste de Anatolia (GAP), compuesto por una veintena de presas con el objetivo inicial de potenciar la agricultura y la industria en las provincias turcas fronterizas con Siria e Irak, una de las regiones más pobres del país.
Paralizadas las obras en varias ocasiones debido a las campañas de los grupos ecologistas y a las protestas de las asociaciones internacionales de arqueólogos, el pasado mes de septiembre el ministro turco de Medio Ambiente, Veysel Eroglu, anunció que el dique se levantará a lo largo del próximo año y que, mientras tanto, las aguas del bíblico río serán desviadas por tres grandes túneles ya construidos.
Después, según sus explicaciones, será necesario otro año más para llenar el embalse hasta alcanzar los 40 metros de altura previstos. Será entonces cuando todo Hasankeyf quede sepultado bajo las aguas, sobresaliendo solamente, si no es derribado, el minarete de la Gran Mezquita (Ulu Çami) y la fortaleza situada en la parte más alta de la ciudad. De la misma forma, desaparecerán bajo sus aguas los 289 sitios arqueológicos catalogados en la zona, así como los restos de las otras dos mezquitas que tenía Hasankeyf (Al Rizk y Koc), el mausoleo de Zeynel Bey (siglo XV con decoración cúfica), la llamada Tumba de los Ayubidas, el Caravanseray (posada de caravanas) de Abdulá y las ruinas del puente del periodo artuquida, que, debido a las dimensiones de los pilares conservados, debió ser una de las obras de ingeniería más impresionantes de toda Mesopotamia.
La subida y el embalsamiento de las aguas igualmente modificará sustancialmente el ecosistema de 132 tipos distintos de aves, y de otras especies únicas en esta parte del mundo, como la tortuga del Tigris o el llamado Barbo Leopardo, cuya supervivencia quedará seriamente amenazada.
Los últimos estudios arqueológicos calculan que este lugar ya estaba habitado antes del Neolítico, hace aproximadamente unos 12.000 años, adquiriendo su periodo de esplendor entre los siglos XII y XIII, cuando fue capital de los Artukid, una de las dinastías que recogieron la herencia en esta parte de la Alta Mesopotamia del imperio ayubida de Saladino. La ciudad conserva, igualmente, cientos de cuevas usadas durante siglos como viviendas y que, en la actualidad, son uno de sus más llamativos atractivos turísticos.
En total, unas 80.000 personas pertenecientes a 200 pueblos y aldeas quedarán desplazadas por esta obra, contra la que el año 1997 surgió la iniciativa Salvemos Hasankeyf, que ha liderado numerosos actos de protesta en Turquía y en otro países europeos. La última acción contra el proyecto fue protagonizada este verano por una docena de escultores, que se trasladaron hasta la antigua capital artuquida para realizar sendas obras de arte que quedarán igualmente sepultadas como perenne testimonio del desatino.
La preocupación por las consecuencias humanas, históricas y medioambientales del embalse han traspasado las fronteras de Turquía. El 4 de marzo de 2008 un centenar de habitantes de Hsankeyf se trasladaron a Ankara para pedir, de forma simbólica, asilo político en las embajadas de Alemania, Suiza y Austria, países a los que pertenecían las principales empresas europeas implicadas en la construcción de la presa. Igualmente el proyecto ha salpicado al banco español BBVA, ya que participa con un 25 por ciento del Garanti Bank, una de las entidades financieras turcas comprometidas en que el pantano se construya en los plazos establecidos.
Además de la zona de Hasankeyf, los mayores perjudicados por el embalse de Ilisu son los campesinos iraquíes que, a lo largo del cauce y hasta su desembocadura en el estuario de Chat al Arab, utilizan sus aguas para el riego de sus cultivos. Por esta razón, tres organizaciones iraquíes se han unido a la iniciativa Salvemos Hasankeyf; se trata de la Iniciativa Solidaria de la Sociedad Civil, Naturaleza de Irak y la Organización para el Desarrollo Civil, a las que se ha unido también el Centro iraní para un Desarrollo Sostenible.
Estos grupos han escrito al presidente de Irak, Jalal Talabani, al primer ministro, Nuri Al Maliki, y a todos los grupos del Parlamento de Bagdad para que se opongan al pantano, ya que de concluirse las obras darán a Turquía un control total sobre la principal fuente acuífera del país. De acuerdo con estas organizaciones, unos cinco millones de iraquíes se verán afectados por la reducción del cauce. Asimismo se cree que las famosas marismas de Hawizah, situadas al norte de Basora, perderán de nuevo buena parte de su volumen, ya que este impresionante complejo de canales y lagunas, con cerca de 10.000 kilómetros cuadrados, se alimenta fundamentalmente del Tigris.
Estas marismas quedaron prácticamente desecadas por el régimen de Sadam Husein para poder combatir a los grupos insurgentes que, nunca mejor dicho, se movían "como pez en el agua" por este laberinto natural. Gracias a un programa especial de la ONU, en el año 2005 las marismas habían recuperado buena parte de su fisonomía original; ahora este gigantesco humedal, que en primavera puede duplicar la extensión que ocupa, quedará de nuevo a expensas de que el Gobierno turco cierre o abra el grifo de Ilisu.
Las últimas voces contra el pantano se alzaron durante el Congreso Científifico Internacional celebrado a mediados de octubre en Arbil. Tanto el ministro de Agricultura del Gobierno Regional del Kurdistán, Serwan Baban, como el investigador mediambientalista australiano Soleyman Sahebi advirtieron sobre los riesgos que esta obra y otros proyectos del GAP tienen para el suministro de agua dentro de Irak. Sahebi, además, recordó que el control del agua en una parte del mundo tan desertizada como Oriente Medio había sido causa de graves conflictos, incluso bélicos, entre los países de la zona, poniendo el ejemplo de que Turquía y Siria ya estuvieron al borde de la guerra por este motivo. Ahora, el pantano de Ilisu se convierte en un contencioso fronterizo que se suma a los que ya tienen Turquía e Irak, aumentando un peldaño más la tensa relación existente entre Ankara y Bagdad.

Fuente: cuartopoder.es

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