lunes, 11 de enero de 2010

Tengo una mala noticia, su Picasso es falso, el láser no miente



Recibir en herencia un Picasso de la época azul y que sea falso puede provocar un buen disgusto. Por EFE.


Eso le ocurrió a una familia que ante la duda recurrió a Actio, una empresa impulsada por la Universidad Politécnica de Cataluña que analizó con láser el ADN del óleo y dictaminó que éste no era auténtico.

Luchar contra las atribuciones erróneas en el mundo del arte o ayudar a determinar la fecha en la que un cuadro fue pintado (veinte años arriba o abajo) sin que la obra resulte dañada es el trabajo que realiza desde hace unos años un equipo de ingenieros en los laboratorios de la UPC, que ahora lo ofrecerá profesionalmente a través de Actio, una spin-off del centro universitario.

Esta empresa viene a cubrir la demanda de un sector -galeristas, anticuarios, particulares, museos y fundaciones- que reclama un método no dañino para las pinturas que aumente las garantías de autenticidad en las transacciones de arte, más allá de las opiniones subjetivas que pueda dar un experto.

El doctor en ingeniería Sergio Ruiz-Moreno, profesor de la UPC, y encargado de desarrollo tecnológico de Actio junto al también doctor Alejandro López Gil, explica a Efe que el `disgusto´ de la herencia del Picasso es un caso paradigmático. Se trataba de una figura similar a un arlequín, `firmado´ por el artista y fechado en 1903, que llegó al laboratorio desde Málaga, ciudad originaria del genial pintor, procedente de una familia que era propietaria del cuadro desde los años cuarenta del siglo pasado, lo que lo hacía todo más `creíble´.

Sin embargo, el análisis fotónico por medio del láser permitió comprobar la presencia en el óleo de un pigmento como el rutilo, patentado en Alemania varias décadas más tarde. El dictamen fue contundente: el cuadro no pudo ser pintado a principios del siglo XX, a pesar de la firma y de la fecha.

Actio, que tiene previsto estar operativa en los primeros meses del 2010, espera lograr clientes sobre todo entre los particulares que quieran datar una obra o verificar la autenticidad de una firma antes de adquirir una pintura.

Ejemplos del gran número de cuadros falsos, o mal atribuidos, que circulan y que genera cautela y suspicacias entre los compradores se recogen en el ensayo `El arte de falsificar el arte´. Según el libro, sólo en Estados Unidos se tienen contabilizados 5.000 supuestos óleos de Corot, el preimpresionista francés, a quien los expertos atribuyen sólo unas 500 pinturas a lo largo de toda su vida. `Estas cifras lo dicen todo´, afirma Ruiz Moreno, que subraya que, mientras los cuadros de los museos suelen estar bien catalogados, no ocurre así con la piezas de particulares.

No obstante, el doctor Ruiz-Moreno, perteneciente al Grupo de Comunicaciones Ópticas de la UPC, apunta que, si se entrara con este láser en muchas fundaciones y museos, `nos daríamos cuenta de que hay muchas obras mal catalogados, porque hace dos décadas no había la tecnología que existe en estos momentos´.

Las dataciones de las obras se hacen especialmente basándose en los pigmentos. Cada uno tiene una fecha de aparición y otra a partir de la cual el pigmento deja de utilizarse. `Si encontramos azul de Prusia, pigmento patentado en 1704, la obra no puede ser del XVII´, indica Ruiz-Moreno, acostumbrado a analizar cuadros españoles, de la escuela flamenca, del barroco -una de las épocas más recurrentes a la hora de asignar autorías- y del modernismo catalán y valenciano.

Por los laboratorios de la UPC han pasado cerca de 300 cuadros, entre ellos un Tiziano, algún Tiépolo y mucha obra goyesca, alguna de ella original, otra atribuida y otra con firma falsa, ejecutadas sin pudor muchos años después de la muerte del pintor. El pintor aragonés generó una corriente pictórica seguida por muchos artistas españoles que usaron sus grabados para luego convertirlos en óleos. Es el caso de los cuadros del romántico Eugenio Lucas Velázquez (1817-1870) y de otros como Alenza (1807-1845) o Asensio Juliá (1760-1832).

Algunos marchantes han llegado a utilizar este parecido para atribuir esas obras a Goya, y otros, con menos escrúpulos, optaron directamente por firmarlos con la rúbrica del genio de Fuendetodos.Un problema que también ha afectado a pintores como Sorolla.

Los laboratorios de la UPC han desenmascarado una docena de falsos Goyas, algunos firmados con blanco de titanio, un pigmento introducido en pintura al óleo en 1926, que comenzaron a proliferar en el mercado con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Goya.

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